Mostrando las entradas con la etiqueta Bertolucci. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bertolucci. Mostrar todas las entradas

27 mar 2008

El cine o las películas como les deciamos...

Un correo hace poco me hizo recordar lo que son los países y los idiomas para nosotros los que tenemos más de dos siglos de tener raíces en el continente americano. Por eso quiero contar lo que sentía ante el cine italiano que se vió por Bogotá cuando finalizaban los años setenta. No porque no hubiera llegado antes sino porque fue en esos años cuando lo conocí. Comenzaba mi vida universitaria y entonces en los cine clubes ya se rodaban las clásicas de Fellini, Vitorio de Sica, Luchino Visconti, Ettore Sccola, Bertolucci; en realidad asistía a los ciclos de cine clubes que iniciaban con el neorrealismo italiano y en ellos se mostraban películas que eran, unas mas que otras: clásicos. Fueron todas muy bellas. Algunas no las entendía y creo no haberlas entendido nunca, como 8 1/2, por ejemplo. Pero el cuento no era entenderlas sino gozársela. Y el goce estaba desde la sonoridad del idioma , de la figura, de todo el encanto que tiene Italia para la sensualidad. Por eso es importante detenerse en esa huella que dejó en estas tierras ese cine mas cercano ideológicamente, mas caluroso emocionalmente, que permitió también entender por qué no sólo existían los gringos.

7 sept 2007

Vagando



El amor a la literatura y el tiempo no se la llevan bien en mi caso. Quisiera que el blog derrumbara lo que no quiero y ablandara la dureza de cada tropezón que sufro en cada esquina. Ayer después de una cita odontológica aproveché para caminar largo por la ciudad. Acabé en una calle que me puso frente a un espectáculo visual incomodo y novedoso para mi. Caminaba a contraluz porque atardecía y el sol me pegaba pleno en la cara de manera que los rostros de los que pasaban por mi lado en sentido contrario parecían difusos por lo que apenas reconocía pedazos de su afán y condición. Tropecé con trabajadores que dejaban la oficina para ir solos a su vivienda que en algunos casos es apenas una pieza o cuarto. (Hoy supe que en occidente el 40% de las personas viven solas). Pasaban riendo estudiantes adolescentes respondiendo al celular mientras la ropa se les desordenaba por la brisa fría que golpeaba. Polvo y tierra se levantaban cuando los buses recogían pasajeros en cualquier parte al asomo de una señal. Muchos llevaban audífonos y en el cuerpo se les notaba si era música o noticias lo que escuchaban. Había vendedores ambulantes en algunas esquinas que ponían en el suelo sobre una manta verde los títulos de algunas películas piratas, una de las cuales llevaba años buscando volver a verla. Me había hecho a la idea de encontrarla sólo en el cine arte de alguna ciudad europea. Ahora simplemente la topaba ahí en el suelo por menos de un dólar la copia. La compré. El sol siguió pegándome en la cara y seguí caminando. Era 1900 de Bertolucci.