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14 oct 2009
Cartagena,Montevideo,Buenos Aires y Santa María
A los amigos que me quedan en Cartagena, porque aún sea cierto el corralito de piedra. Y a los que me regaló Onetti.
Escrito en una trastienda
En todos los puertos del mundo
descansa la noche
sobre los navíos oscuros
y reza su rosario de lunas
el viejo lobo curtido y silencioso.
Palomas de las músicas vagabundas
picotean los fanales encendidos.
Tu recuerdo ha hecho hueco en mi mano sin luz.
Ah, llegar a tu cabellera rubia como a un puerto final.
Atracan los astros
y detrás de los grandes murallones de sombras
luces multicolores se roban las miradas
y las estrellas son afónicas
como la voz de la violinista tuberculosa
cuya tos en el bar es obligatoria.
El alcohol anda en zancos y las mujeres canallas
Pasean su olor a polvo y su cansancio.
En todos los puertos del mundo
hay alguien que está esperando.
Hasta muy cerca de los navíos
salen los patios
y entran por los oídos de los marinos.
Un sabor dulce, un amargo sabor.
En todos los puertos del mundo
hay vagabundos como yo
que asoman al asombro lejano
el corazón, como un barquito en la mano.
Hay una calle, larga borrachera,
pedazos de noche dispersada
y cuando llega el alba roja y con su clarín
revuela pájaros alucinados,
en todos los puertos del mundo
hay alguien que está esperando.
Raul Gonzales Tuñón 1905-1974
Imagen: Edward Hopper, NightShadows
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Buenos Aires,
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puerto
3 jun 2009
Suena

Así suena Cartagena desde su primera emisora universitaria. Por momentos se escuchan al fondo las palmeras, el mar furioso y el tiburón, si te bañas te salpica...
http://190.26.217.140/udecradio/Emisora.html
La imagen una pintura del inolvidable Juan Horrillo -cartagenero por adopción- llamada Cero en matemáticas.
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Cartagena,
emisora,
Juan Horrillo,
pintura
12 may 2008
El tuerto

Las viejas ciudades huelen a viejo, quizá porque tienen espacios por los que no pasa el tiempo . Ese estancamiento de todo, sin explicación a mi alcance, me impedía entender lo que decían mis profesores de primaria. Miraba lejos y las palabras carecían de sentido. La melancolía. Al terminar las clases medía las calles que parecen renunciar a la vida y sólo respiran historia. De ellas quedan epitafios que anuncian lo que fueron, no lo que son. Después huí del silencio por el peso abrumador que rodeaba a lo que hacía sin explicación. No escuchaba nada, ni la música que sentía. Los momentos mas intrigantes y aburridos simultáneamente eran los que transcurrían esculcando un cajón de la mesa de noche de mis padres imaginado los usos de cada cosa, inventándome preguntas por cada objeto con el que me tropezaba. En muchos casos sin respuesta. Aburrimiento.
En Cartagena cuando una calle quiere decir algo habla el Tuerto López:
De sobremesa
Se vive, amada mía,
según y como…Yo
por la mañana tengo hipocondría
y por la noche bailo un rigodón
¿Y qué? Pura ironía. En el amor
y en otras cosas de mayor cuantía
todo depende de la digestión.
Que no fume, que olvide la lectura,
que no maldiga en ratos de amargura
y mil consejos mas de este jaez,
como si se pudiera vivir a la manera
de las calles tiradas a cordel.
Se vive, amada mía,
según y como…Yo
por la mañana tengo hipocondría
y por la noche bailo un rigodón
¿Y qué? Pura ironía. En el amor
y en otras cosas de mayor cuantía
todo depende de la digestión.
Que no fume, que olvide la lectura,
que no maldiga en ratos de amargura
y mil consejos mas de este jaez,
como si se pudiera vivir a la manera
de las calles tiradas a cordel.
Foto: Luis Carlos López, poeta cartagenero 1879-1950
14 jun 2007
Caminando
Hay una historia que comienza en febrero de 1820 cuando nace el padre del narrador de una bella novela. Cinco meses después de que Simón Bolívar entrara victorioso en la capital colombiana recién liberada. Ciudad esquizofrénica que en adelante se llamará Santa Fe o Bogotá, esa mierda de sitio, dice el autor. Desde allí inicia su recorrido hacia la provincia de Panamá Don Miguel Altamirano para hundirse en el fango de una Colombia que se desintegra; en la que se unta de barro, construye ferrocarriles y fracasa como periodista testigo de la construcción de un canal.¿Habría podido terminar Colombia ese canal y después no perder a Panamá? Esa pregunta no puede hacérsela el personaje sino el lector. Juan Gabriel Vásquez, el autor, sólo nos cuenta las vicisitudes de una ficción intensa que se refugia en los hechos. Los personajes pasan por la Cartagena del siglo XIX antes de llegar al más emblemático de los lugares de paso para los intereses norteamericanos… “El mundo enloquece. De repente, la costa este de los EE.UU se da cuenta que la ruta hacia el oro pasa por la oscura provincia istmeña…”. Cartagena el escalón anterior al futuro, lugar de turismo y hoy de arribo sin opción para desplazados por la violencia de las Sabanas de Bolivar. Aaayyy Cartagena, tiempos en que se oia más el silencio que el aguacero. Historia que recorría caminando diariamente la calle que une el Barrio Manga y elCentro histórico de la Ciudad. La Calle Larga de los años setenta. Nombre que debería cambiarse cuando queden atrás esas largas sombras de dolor dibujadas en el libro: Historia secreta de Costaguana.
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siglo XIX
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