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5 jun 2007
La alegría
Recuerdo aún el rito espontáneo de las nubes negras, la humedad del aire y el olor anterior a la lluvia. El olfato impregnado por la fruta que ansiaba, servia de guía para alcanzar el cajón donde estaba la única prenda necesaria, el pantalón corto. En segundos los amigos estabamos en la calle apenas iniciado el aguacero, (¡¡Aguacero de mayo que va a cae!! ). Todo daba forma a la mas dulce aspiración que era saltar de un solo impulso los muros frontales de las casonas republicanas para entrar a recoger del suelo lo que la brisa nos regalaba, en medio de truenos y relámpagos: los mangos. Refugio de sabores prohibidos profanado por nosotros que aún teníamos derecho a la arcadia del Barrio. Era el rito lluvioso en una ciudad que apenas se urbanizaba, el júbilo de la infancia, el sabor de la fruta prohibida y de la lluvia que apenas duraba unos minutos...
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